Reserva Nacional de Masai Mara, naturaleza en estado puro

El Mara, como se llama coloquialmente a la reserva más famosa de Kenia, es la guinda de todo viaje a este país del Este de África. En ella se da tal concentración de fauna salvaje que casi se puede garantizar la posibilidad de avistar en un solo día de safari fotográfico a los famosos big five o cinco grandes: el elefante, el león, el búfalo, el diezmado rinoceronte y, con suerte, también al más sigiloso y esquivo de todos, el leopardo.

Sus más de 1.500 kilómetros cuadrados alfombrados de praderas son la continuación natural de las míticas llanuras del Serengueti, que se pierden sobre una extensión todavía más grande por la vecina Tanzania. Justo entre ambos países es donde cada año tiene lugar el espectáculo de vida salvaje más sobrecogedor del continente africano: la migración de los ñus, cuando cerca de un millón y medio de estos peculiarísimos antílopes, junto a cientos de miles de cebras, gacelas e impalas, se desplazan en un avance atronador que literalmente hace temblar la tierra en busca de pastos y de agua, seguidos de cerca por leones, hienas y otros complacidos predadores al acecho ante tal concentración de carne fresca. La densidad, esta vez de viajeros, es también notable durante la gran migración, especialmente en los alrededores del río Mara, donde abigarrados grupos de ñus de ojos encabritados por el pánico se agolpan torpemente para cruzar sus aguas sorteando las fauces de los cocodrilos.

El Mara, reservado para el final
Ningún viaje a Kenia puede considerarse completo sin una visita al Mara, que incluso fuera de la temporada de la migración sigue siendo el más reclamado de todos sus espacios protegidos. Si fuera preciso decantarse por una única reserva, el Mara sería el destino que propone los safaris más espectaculares y completos de todo el país. Por esa misma razón es recomendable reservarlo para el final del viaje, ya que cualquier otro parque corre el riesgo de quedar eclipsado ante su grandeza.

El día de safari comienza temprano. Aún de madrugada, antes incluso de desayunar, los participantes se instalan en los asientos de un 4×4 conducido por un ranger del parque para ver desperezarse a la sabana. Es a esta hora más fresca del día, así como al atardecer, cuando hay más posibilidades de asistir a las apasionantes escenas de caza en las que el ciclo de la vida y la muerte se desarrolla ante los ojos pasmados de los visitantes.

Los rangers conocen los territorios de los animales y sus huellas, saben salir al encuentro de las especies más deseadas y tienen la obligación de detenerse en las pistas de arena a una distancia prudencial para molestar lo mínimo posible a los animales. Aun así, las manadas de elefantes, las familias de leones retozando a la sombra, el escándalo de los hipopótamos refrescándose en el río, el correteo torpón de los distintos tipos de jirafa o las hordas de herbívoros, pastando siempre sin bajar la guardia ante la posible irrupción de un predador, pueden verse increíblemente cerca.



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